Ejercicios

Introducción a los ejercicios

  • Estos ejercicios son complementarios a cualquier terapia o tratamiento. No los sustituyen.
  • Aptos para personas que ya han participado en varios talleres de constelaciones.
  • Se pueden realizar uno solo o entre dos o tres personas.
  • Antes de realizar un ejercicio, la persona se prepara para estar centrada. Puede hacer una meditación, unas respiraciones o cualquier ejercicio que le haga sentirse presente, serena, centrada.
  • Durante el ejercicio la persona sigue totalmente centrada, relajada, como en meditación, con la mente vacía, esperando sólo señales de su cuerpo.
  • Las frases sanadoras se pronuncian en voz alta, con determinación, en la lengua materna de la persona. Normalmente es suficiente pronunciar cada frase una sola vez.
  • Conviene dejar pasar 9 segundos entre una frase y otra, para que haga su efecto sobre el ADN de la persona.
  • La persona se mueve sólo cuando algo le empuja o la descoloca. Ese algo es el movimiento del espíritu.
  • Se puede parar un ejercicio en cualquier momento. El movimiento puesto en marcha sigue vivo en las personas representadas.
  • Para todos estos ejercicios, no hay periodicidad fija. Cada uno testará con la ayuda de su guía interior lo que le conviene hacer cada día.
  • Durante el ejercicio es posible que un representante mire a lo lejos o mire al suelo. Si alguien mira a lo lejos, es que está viendo a un ancestro, por lo que se pone una silla o cualquier otro objeto, allá dónde mira, un objeto que representa a ese ancestro. Si alguien mira al suelo, es que está mirando a un muerto, por lo que se colocará un cojín representando al muerto, allá dónde esté mirando.

Estos ejercicios son herramientas poderosas de cambio para vivir mejor. ¡Adelante!

Puedes encontrar muchos más ejercicios en la página web de INSCONSFA.

 

Vacío

Afirmaciones que nos permiten volver a la salud

Gracias a los descubrimientos del científico ruso Petr Gariaev, sabemos que el 98% del ADN (el llamado ADN ondulatorio), que manda sobre el 2% restante (el ADN molecular, que codifica las proteínas y que compone los genes que van a provocar la salud o las enfermedades) responde al lenguaje humano. Gariaev pudo sanar enfermedades hacia transformaciones genéticas sumamente importantes, solamente con el lenguaje humano.

Te invito a mirar algo que quieras mejorar ahora (un síntoma, un estado de ánimo…), y a encontrar, con la ayuda de tu guía interior, la frase sanadora adecuada. Puede ser una frase que implique varios aspectos: conexión con Algo más grande, con la Paz, con el Asentimiento, con la Gratitud… y a continuación, la frase que permite sanar el síntoma.

La primera frase se pronuncia sólo si tu guía te indica que es necesaria. Recuerda que lo más sobrio va a ser lo más eficaz. Algunos ejemplos podrían ser:

"Me abro a Algo más grande" o "Me abro a la salud" o "Me abro a la vida". "Sí, asiento". "Agradezco todo como es".

Y a continuación dices la frase que resume lo que necesitas vivir ahora, de forma breve y contundente. Por ejemplo: "Mis ojos lo ven todo", o "Yo soy Paz", "Soy Alegría"

Esta frase la pronuncias en tu idioma actual y en el idioma más común de tu ADN (es decir, en el idioma que fue hablado por las generaciones anteriores), para que todo el ADN resuene con esta petición, con esta nueva información. Puedes decirla, por tanto, en tu idioma actual y en el idioma de tu infancia o de la infancia de tus padres.

Se trata de repetir estas afirmaciones cinco veces durante un minuto, cinco veces al día. Puede ser, por ejemplo, cada hora en todo el periodo del día en el que estás más activo.

 

Práctica

– Te colocas en estado de meditación profunda, neutro, sin sensaciones, sin sentir eso que quieres sanar, abierto a todo.

– Pronuncias la frase una vez en voz alta, con determinación, sintiéndolo, lentamente.

Dejas pasar unos segundos, y repites la frase, con la misma determinación y entrega, la misma presencia en cada palabra, pero esta vez a media voz.

Y ahora, la tercera vez, susurras la frase, con la misma presencia en ella.

Ahora te la dices mentalmente, internamente.

Y ahora dejas que tu mente repita la frase una última vez, de forma automática.

Y ahora cortas, piensas en otra cosa.

De esta forma, hablando a tu raíz, al mando de tu ser, todo el ADN se pone en marcha, preparando la transformación.

A veces, si es algo grave, el resultado puede tardar mucho, y otras veces puede ser muy rápido.

Honrar la rama materna

Colocas "La rama materna" frente a ti (imaginas a tu madre, con sus padres detrás, y varias generaciones). Muy centrado, desde tu adulto, decides mirar a todos ellos y les dices alguna de estas frases: "Ahora te veo. Sí, te tomo tal y como eres. Gracias por ser exactamente como eres. Gracias a todos mis ancestros por ser como sois. Honro vuestro destino. Todos pertenecéis. Soy uno/a de vosotros. Os amo".

Si lo sientes, puedes honrar a tu rama materna, inclinando la cabeza ante ella, en señal de respeto. Quizás puedes arrodillarte ante ella, con la cabeza en el suelo y las palmas de tus manos mirando hacia arriba, o incluso tumbarte bocabajo (sobre todo, si hiciste daño a la rama materna en algún momento).

Honrar la rama paterna

Colocas "La rama paterna" frente a ti (imaginas a tu padre, con sus padres detrás, y varias generaciones). Muy centrado, desde tu adulto, decides mirar a todos ellos y les dices alguna de estas frases: "Ahora te veo. Sí, te tomo tal y como eres. Gracias por ser exactamente como eres. Gracias a todos mis ancestros por ser como sois. Honro vuestro destino. Todos pertenecéis. Soy uno/a de vosotros. Os amo".

Si lo sientes, puedes honrar a tu rama paterna, inclinando la cabeza ante ella, en señal de respeto. Quizás puedes arrodillarte ante ella, con la cabeza en el suelo y las palmas de tus manos mirando hacia arriba, o incluso tumbarte bocabajo (sobre todo, si hiciste daño a la rama paterna en algún momento).

Honrar lo masculino

Una sola posición

Colocas "lo masculino" delante de ti, a una distancia de 1,5-2 m. Muy centrado, desde tu adulto, decides mirarlo y le dices alguna de estas frases:  "Ahora te veo. Tú también formas parte. Gracias por ser como eres. Te amo".

Puedes también imaginar a muchos hombres, de todo el mundo, de todos los tiempos, delante de ti, o bien a todos los padres de tu sistema familiar (tu propio padre, tus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos..., varias generaciones de hombres). Y les dices: “Gracias a todos los hombres por ser como sois. Todos pertenecéis. Os amo”.

Si lo sientes, puedes honrar lo masculino, inclinando la cabeza ante él, en señal de respeto. Quizás puedes arrodillarte ante él, con la cabeza en el suelo y las palmas de tus manos mirando hacia arriba, o incluso tumbarte bocabajo (sobre todo, si hiciste daño a lo masculino en algún momento).

Dos posiciones

Este ejercicio se puede hacer individualmente, poniéndose alternativamente en los dos papeles.

Primero te colocas en ti, para ver cómo te sientes con respecto a lo masculino: percibes las sensaciones corporales que surjan, observas dónde va tu mirada, si te sientes más grande o más pequeño/a que lo masculino...

Después te colocas en lo masculino y haces lo mismo. ¿Qué necesita lo masculino de ti? Cuando lo hayas percibido (unos 10 segundos suelen ser suficientes), vuelves a colocarte en tu lugar y desde ahí puedes pronunciar alguna de estas frases, según lo sientas: "Ahora te veo. Ahora veo mi desprecio a lo masculino. Ya está todo pagado. Gracias por ser como eres".

Vuelves a colocarte en lo masculino para sentir si necesita algo más de ti. Y de nuevo en tu lugar, si lo sientes, puedes honrar lo masculino, inclinando la cabeza ante él, poniéndote de rodillas o incluso tumbándote en el suelo (con los brazos extendidos hacia delante y las palmas de las manos hacia arriba), en señal de respeto.

Las exparejas

Autor: Brigitte Champetier de Ribes

Se trata de respetar la jerarquía natural que dice que el que llegó primero necesita ser honrado por el que llegó después.

Nuestra relación de pareja irá mucho mejor cuando hayamos respetado esa jerarquía natural. Nuestros hijos también. Pues si no hemos agradecido a una antigua pareja, uno de nuestros hijos la tendrá que representar, viviendo todas sus vicisitudes amorosas sin darse cuenta, y además sintiéndose más como un amigo o novio de uno de sus padres que su hijo, con las consecuencias desastrosas que tiene esto.

Si eres mujer, imaginas a tus parejas a tu derecha, la más reciente (la última) junto a ti, la más antigua (la primera) la más alejada.

Si eres hombre, imaginas a tus parejas a tu izquierda, la más reciente la más cerca de ti, la más antigua (la primera) la más alejada de ti.

Miras a tu primera pareja, y le dices algo así:

Gracias por tu amor. Fue muy grande. Te quise mucho. Ahora todo ha terminado, y todo lo que aprendí contigo lo llevé a las demás parejas. Gracias por haber hecho sitio. Estás libre, estoy libre. Conservo para ti un cariño especial. Te deseo lo mejor“.

Y vas repitiendo esto a cada una de tus antiguas parejas.

Si hubo sufrimiento con alguna de tus parejas, o si sigues enfadada/o añades:

Yo te elegí, para todo lo que pasó. Asumo el daño que yo te hice, y asumo las consecuencias. Dejo contigo tu parte de responsabilidad.”

Y ahora mirando a tu pareja actual, le dices:

Tú eres el último/la última. Gracias por estar conmigo. Gracias por tu amor. Te amo tal y como eres.”

Ahora necesitas honrar a todas las parejas anteriores de tu pareja actual. No debes preguntarle sobre ellas. Imaginas a las que sabes, y si sientes que pudo haber habido alguna más, la añades.

Frente a la primera pareja de tu pareja actual:

Inclinas la cabeza ante ella.

Luego le dices “Tú eres la primera y siempre serás la primera. Gracias por haber hecho sitio para las siguientes parejas y para mí”.

Luego a las siguientes parejas de tu pareja, de una en una:

Inclinas la cabeza ante ella.

Luego le dices “Tú eres la segunda, (la tercera, la cuarta) y siempre lo serás. Gracias por haber hecho sitio para las siguientes parejas y para mí”.

Quizás notes que las antiguas parejas se han ido, ya no pesan. Tú y tu pareja actual ya podéis tener una mayor intimidad, ya estáis disponibles el uno para el otro.

Las palabras clave del amor en la pareja

Sí, gracias y por favor. Forman una única frase, la del amor mayor. Se lo puedes decir a tu pareja, internamente, cuando estés con ella.

“Sí, te tomo como eres, diferente e imperfecto/a.

Gracias por ser como eres. Gracias por ser exactamente como eres.

Por favor, tómame como soy, diferente e imperfecta/o”.

Los abortos

Los abortos naturales son bebés que han dicho a alguno de sus padres (o a los dos) "Yo muero en tu lugar". Suelen aparecer frecuentemente en las constelaciones, impidiendo que la persona esté en la vida, cuando no han sido reconocidos. Basta con que una sola persona las tome en su corazón para que estos abortos puedan descansar, por fin, en paz.

Si has tenido algún aborto, puedes agarrar un cojín que lo represente entre tus manos, y le vas diciendo algo así:

"Ahora te veo. Querido/a hijo/a: gracias por tu amor. Fue muy grande. Te quise mucho. Gracias por haber muerto en mi/nuestro lugar. Ahora me despido de ti. Querido/a hijo/a, descansa en paz. Siempre tendrás un lugar en mi corazón. Y por amor a ti, yo ahora elijo la vida".

En los abortos provocados, son los padres (o uno de ellos) los que dicen al hijo: "Tú, muere en nuestro (mi) lugar". En este caso es importante, además de ver a ese bebé, reconocer tu responsabilidad en su muerte. Puedes decirle algo así: "Querido/a hijo/a: ahora te veo. Asumo mi responsabilidad en tu muerte. Todo ha terminado. Descansa en paz. Querido/a hijo/a: Siempre tendrás un lugar en mi corazón. Yo ahora elijo la vida".

Si son varios los abortos, vas a hacer lo mismo para cada uno, comenzando por el más antiguo, hasta el último, por orden cronológico.

Los abortos pertenecen a la intimidad de la pareja. No conviene hablar a los hijos sobre los hermanos abortados, sobre todo, cuando han sido provocados.

Los hermanos

Todo lo que hagas para colocarte en tu lugar (el ejercicio Yo soy yo, tomar a los padres...) ayudará a tus hermanos a encontrar también su lugar. Puedes hacer el ejercicio Yo soy yo para ellos, o sea, decir a cada uno/a: "Tú eres... hijo/a de... y de...".

Para empezar, puedes sentir la presencia de tus padres detrás de ti: el padre detrás de tu hombro derecho y la madre detrás del hombro izquierdo. A continuación, colocas tu fila de hermanos de tal manera que el mayor esté a la derecha. A su izquierda el segundo, a su izquierda el tercero... y así sucesivamente. Te colocas en el lugar que te corresponde. El pequeño estaría a la izquierda, en esa fila de hermanos.

Si hubo algún aborto o tienes algún hermano muerto, lo colocas también en su lugar correspondiente, cronológicamente, y lo incluyes entre tus hermanos.

Primero le dices al mayor: "Tú eres el mayor. Gracias por habernos abierto el camino. Ahora te dejo vivir tu vida. Y yo elijo disfrutar de todo lo que me toca".

Al segundo le dices: "Tú eres el segundo". Al tercero: "Tú eres el tercero"...

Mira a tus hermanos mayores, y siente respeto y gratitud por ellos. Le dices, a cada uno: "Te honro".

Mira ahora a tus hermanos menores, y siente amor y empatía hacia ellos. Le dices, a cada uno: "Te acojo. Te amo. Estoy a tu servicio".

Y a todos ellos: "Sois los mejores hermanos para mí. Y nuestros padres son los mejores padres para cada uno de nosotros".

Para ayudar a los hijos

Todo lo que hagas para colocarte en tu lugar (el ejercicio Yo soy yo, tomar a los padres...) ayudará a vuestros hijos a encontrar también su lugar. Puedes hacer el ejercicio Yo soy yo para ellos, o sea, decir a cada uno/a: "Tú eres... hijo/a de... y de...". Puedes visualizar a vuestros hijos delante de ti: el mayor estaría a la izquierda, a su izquierda el segundo, después el tercero... y el más pequeño quedaría a la derecha, frente a ti. Si hubo algún aborto, lo colocas en su lugar correspondiente, cronológicamente, y lo incluyes entre vuestros hijos. (En el ejercicio Los abortos explico cómo podemos incluir a los abortos).

Primero le dices al mayor: "Tú eres el mayor. Gracias por haber abierto el camino a tus hermanos". Al segundo le dices: "Tú eres el segundo". Al tercero: "Tú eres el tercero"... Y a todos ellos, uno a uno, puedes decirles: "Gracias por ser mi hijo/a. Gracias por ser exactamente como eres. Honro tu destino".

Es importante también que, de vez en cuando, le digas a cada hijo/a (internamente): "En ti veo, amo y honro a tu padre/madre", incluyendo así a su padre o a su madre en tu corazón.

Preguntando al guía

Autor: Brigitte Champetier de Ribes

Preguntando al inconsciente o movimiento del espíritu, para poder saber si algo es adecuado, conveniente o no, si tienes permiso o no para hacer algo.

Preparas tu pregunta. Tiene que ser formulada de un modo sencillo y claro. La respuesta sólo podrá ser “” o “no”.

Ahora olvidas la pregunta, estás de pie, centrado, como en meditación, relajado, se te va quedando la mente en blanco.

Entonces te dices internamente la pregunta y esperas unos segundos.

Si tu cuerpo es empujado de un modo involuntario hacia delante, la respuesta es un SÍ.

Si tu cuerpo es empujado de un modo involuntario hacia atrás, la respuesta es un NO.

Si tu cuerpo no se mueve o va hacia otra dirección, es que la pregunta está mal planteada, o no te incumbe el tema que has planteado. Vuelves a formular la pregunta o preguntarás si tienes permiso para tratar ese tema.

Nota: esta señal ideo-motora se puede desplazar a cualquier otra parte del cuerpo (por ejemplo, el pecho o las manos). En Kinesiología se suele utilizar un brazo o unos dedos.

Si quieres ampliar esta información para integrar el guía interior a tu vida cotidiana, te recomiendo ver el vídeo El diálogo con el guía interior.

Tomar a los padres

Tomar a la madre

Imaginas que te colocas frente a tu madre, a una distancia de 1,5-2 m.

Muy centrado, desde tu adulto, le miras a los ojos y decides verla en toda su grandeza de madre. A continuación, puedes decirle alguna de estas frases:

"Ahora te veo.
Gracias por ser mi madre.
Gracias por haberme dado la vida.
Gracias por ser exactamente como eres (o como fuiste)".

Si lo sientes, puedes honrar a tu madre, inclinando la cabeza ante ella en señal de respeto. Quizás puedes arrodillarte ante ella, con la cabeza en el suelo y las palmas de tus manos mirando hacia arriba, o incluso tumbarte bocabajo (sobre todo, si le hiciste daño en algún momento).

 

Tomar al padre

Es el mismo ejercicio que "Tomar a la madre" sólo que el final necesita un paso más. Después de honrarlo, lo que realmente necesita el padre es que su hijo o hija se gire hacia la vida y dé unos pasos hacia la vida.

Puedes repetir la frase: "Elijo la vida", varias veces, con fuerza y determinación, en tu lengua materna.

Es mejor que estos ejercicios sean cortos, 10 minutos, no más. La interrupción dinamizará estas relaciones. Y se pueden retomar dejando pasar un mínimo de diez días. También es muy recomendable hacer seguidos los dos ejercicios, tomar a la madre y tomar al padre.

Es un ejercicio potente e importante. Tomar a los padres es un proceso largo de purificación, supone mucha renuncia del ego y es el punto de partida del desarrollo espiritual. Es muy útil repetir este ejercicio a menudo, dando cada vez nuevos pasos.

Yo soy yo

Autor: Brigitte Champetier de Ribes

Este ejercicio es individual.

  1. Frente a lo que represente la vida para ti, te dices:

Me abro a mí misma/mismo”.

Experimenta la fuerza de esta frase, y si quieres la repites varias veces, dejándote tiempo entre cada repetición.

  1. Ahora repites lo que sigue, en ese orden, con fuerza, amor, y lentitud.

Los puntos suspensivos sugieren unos segundos de silencio.

Yo soy – tu nombre, apellido del padre, apellido de la madre…, hija/hijo de – nombre de tu padre…, apellido de su padre…, apellido de su madre…, y de... - nombre de tu madre…, apellido de su padre…, apellido de su madre”.

Ejemplo:

Yo soy… Magdalena Pérez Fernández…, hija de… Pablo… Pérez… Novoa…y de Clara… Fernández… Zafra”.

Lo repites hasta sentirte al máximo de ti misma/mismo.

  1. Puedes repetir esta secuencia siempre que te hagan falta fuerzas, claridad o autonomía.

Si no sabes el nombre de uno de tus padres, puedes hacerlo de esta manera:

Yo soy María (tus apellidos), hija de mi padre biológico y de mi padre adoptivo y de mi madre biológica y de mi madre adoptiva.”

Y vas diciendo los nombres y apellidos de los que conoces.

 

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