Tomar a la madre
Imaginas que te colocas frente a tu madre, a una distancia de 1,5-2 m.
Muy centrado, desde tu adulto, le miras a los ojos y decides verla en toda su grandeza de madre. A continuación, puedes decirle alguna de estas frases:
“Ahora te veo.
Gracias por ser mi madre.
Gracias por haberme dado la vida.
Gracias por ser exactamente como eres (o como fuiste)”.
Si lo sientes, puedes honrar a tu madre, inclinando la cabeza ante ella en señal de respeto. Quizás puedes arrodillarte ante ella, con la cabeza en el suelo y las palmas de tus manos mirando hacia arriba, o incluso tumbarte bocabajo (sobre todo, si le hiciste daño en algún momento).
Tomar al padre
Es el mismo ejercicio que ”Tomar a la madre” sólo que el final necesita un paso más. Después de honrarlo, lo que realmente necesita el padre es que su hijo o hija se gire hacia la vida y dé unos pasos hacia la vida.
Puedes repetir la frase: “Elijo la vida”, varias veces, con fuerza y determinación, en tu lengua materna.
Es mejor que estos ejercicios sean cortos, 10 minutos, no más. La interrupción dinamizará estas relaciones. Y se pueden retomar dejando pasar un mínimo de diez días. También es muy recomendable hacer seguidos los dos ejercicios, tomar a la madre y tomar al padre.
Es un ejercicio potente e importante. Tomar a los padres es un proceso largo de purificación, supone mucha renuncia del ego y es el punto de partida del desarrollo espiritual. Es muy útil repetir este ejercicio a menudo, dando cada vez nuevos pasos.
