Mirari Mitxelena
Un viaje de la oscuridad a la luz, del dolor al amor.
“El corazón de un embrión deja de latir. Tras su breve paso por la vida, acaba oculta en la constelación ciento veintiuna, aquella con forma de cuna. Un conjunto de estrellitas que llegaron a un más allá absorbidas por un eclipse eterno. Estrellitas que provenían directamente del vaivén que mece el útero materno. Tras su muerte, descubre otras posibilidades de existencia. Necesitará poner orden en el sistema familiar al que pertenece, pasar por el duelo para adaptarse a su nueva etapa, hacer crecer la estela de su inimitable esencia y convertirse en una resplandeciente estrella fugaz”.
Gracias, Mirari, por este hermoso regalo. Tus palabras me han ayudado a profundizar en el dolor de “lo no expresado”, y en esa soledad me he sentido amorosamente acompañada. ¡Hay tantas vidas que no han sido reconocidas! ¡Tantas lágrimas, esperando el momento para ser derramadas, por fin! ¡Tanto amor por devolver!
Honro a todas esas estrellas. Y a sus padres. Honro el gran amor que hay detrás de cada vida que se apaga, por pequeña que sea.
Bihotzez, eskerrik asko ![]()

