Gracias a los descubrimientos del científico ruso Petr Gariaev, sabemos que el 98% del ADN (el llamado ADN ondulatorio), que manda sobre el 2% restante (el ADN molecular, que codifica las proteínas y que compone los genes que van a provocar la salud o las enfermedades) responde al lenguaje humano. Gariaev pudo sanar enfermedades hacia transformaciones genéticas sumamente importantes, solamente
con el lenguaje humano.
Te invito a mirar algo que quieras mejorar ahora (un síntoma, un estado de ánimo...), y a encontrar, con la ayuda de tu guía interior, la frase sanadora adecuada. Puede ser una frase que implique varios aspectos: conexión con Algo más grande, con la Paz, con el Asentimiento, con la Gratitud... y a continuación, la frase que permite sanar el síntoma.
La primera frase se pronuncia sólo si tu guía te indica que es necesaria. Recuerda que lo más sobrio va a ser lo más eficaz. Algunos ejemplos podrían ser:
"Me abro a Algo más grande" o "Me abro a la salud" o "Me abro a la vida". "Sí, asiento". "Agradezco todo como es".
Y a continuación dices la frase que resume lo que necesitas vivir ahora, de forma breve y contundente. Por ejemplo: "Mis ojos lo ven todo", o "Yo soy Paz", "Soy Alegría"...
Esta frase la pronuncias en tu idioma actual y en el idioma más común de tu ADN (es decir, en el idioma que fue hablado por las generaciones anteriores), para que todo el ADN resuene con esta petición, con esta nueva información. Puedes decirla, por tanto, en tu idioma actual y en el idioma de tu infancia o de la infancia de tus padres.
Se trata de repetir estas afirmaciones cinco veces durante un minuto, cinco veces al día. Puede ser, por ejemplo, cada hora en todo el periodo del día en el que estás más activo.
Práctica
- Te colocas en estado de meditación profunda, neutro, sin sensaciones, sin sentir eso que quieres sanar, abierto a todo.
- Pronuncias la frase una vez en voz alta, con determinación, sintiéndolo, lentamente.
Dejas pasar unos segundos, y repites la frase, con la misma determinación y entrega, la misma presencia en cada palabra, pero esta vez a media voz.
Y ahora, la tercera vez, susurras la frase, con la misma presencia en ella.
Ahora te la dices mentalmente, internamente.
Y ahora dejas que tu mente repita la frase una última vez, de forma automática.
Y ahora cortas, piensas en otra cosa.
De esta forma, hablando a tu raíz, al mando de tu ser, todo el ADN se pone en marcha, preparando la transformación.
A veces, si es algo grave, el resultado puede tardar mucho, y otras veces puede ser muy rápido.
